
Woody Allen siempre es admirado y criticado, es un director de cine que tiene muchos detractores y que sufre permanentemente ataques casi hasta crueles para con su arte cuando se estrena una de sus películas. Yo no he sido llamada a defenderlo pero considero que hay muchos puntos positivos en su carrera que deberían primar sobre aquellos que podemos ver de negativos. No hay dudas que su egocentrismo lo ha traicionado varias veces, pero hoy, ya en la tercera edad, sigue demostrándonos que todavía puede innovar en cine, basta haber visto Match point para saber eso. Bien, dentro de esa línea de cine-ensayo, incluyo a su nueva y última película "El sueño de Casandra". Tal como Milan Kundera lo es -a mi modo de ver- a la novela, Woody Allen lo está siendo al cine, un ensayista que para transmitir su teoría filosófica sobre algún tema utiliza la historia cinematográfica, a través del impacto visual del séptimo arte intenta dejarnos una huella en nuestras concepciones o estructuras mentales. No quiero con esto engrandecerlo desmedidamente, no se lo merece tampoco, y hasta sería perjudicarlo; simplemente considero que no es sólo un contador de historias, sino también un disparador de reflexiones. Volviendo a su último film, esta vez protagonizado por Ewan McGregor, Collin Farrell y Tom Wilkinson, tendríamos que empezar por saber quién fue Casandra. Casandra -de la mitología griega- fue hija de Príamo y Hécuba y hermana gemela de Heleno, tenía el don de la profecía -de hecho predijo la guerra de Troya- hasta que debido a una venganza, Apolo le quita el don de la persuasión: por más que ella profetisara no sería nunca escuchada, sus profecías serían desoídas por todos. En el film de Allen los protagonistas, dos

hermanos de clase media baja inglesa, compran con sus pocos ahorros un velero al que llaman "El sueño de Casandra". La vida de esos dos hermanos está signada por la falta de recursos económicos para lograr cumplir sus sueños y por las obsesiones que los rigen, para uno la del juego compulsivo, al otro la de los autos de lujo y el amor de una mujer. Obsesionados con salir de la miseria en la que ellos consideran están inmersos recurren a pedir ayuda a un tío rico, Howard, interpretado magistralmente por Wilkinson, quien a cambio de ayuda económica les pide un favor un tanto difícil de cumplir. Cegados por la ambición desmedida, intentarán realizar el "pequeño trabajo" pedido por su tío a cambio del dinero, lo que los llevará a terminar siendo las víctimas de un sistema en el que pagan por sus pecados los esclavos y no sus dueños. Y es ahí donde las profecías de Casandra son desoídas por estos dos hermanos que sufren el mal de la ambición en el que los sume el sistema donde viven. El gran ganador es el capitalismo, el tío rico en este caso, el poderoso y ellos son

culpables por no saber ver que el sistema siempre castiga al más débil. Y así, como Casandra fue castigada por Apolo, quitándole el don de la persuasión -sin el cual una profetisa no es nadie-, así los protagonistas de esta historia fueron castigados con la sordera que produce la ambición y la falta de oportunidades. Quiero destacar una gran actuación de Colin Farrell como nunca se lo vió, no así Mc Gregor que, sigue a mi gusto, siendo un rubiecito muy lavado expresivamente. Un gran planteo de este director, que con sus fallas, y sus repeticiones, sabe plasmar la idea clara en una historia audio-visual y ha logrado mantener a través de los años al cine de autor colocándolo dentro del sistema. Paula.
2 comentarios:
Más allá de toda conexión filosófica o histórica que se pueda hacer, a mí esta película me pareció muy mediocre. En mi blog hablé sobre ella. Una nueva frustración de uno de mis directores favoritos.
Saludos.
Qué tal.
Muy buena las notas. Escriban más.
Otra noticia: ¡se ganaron un premio! Pueden pasar a buscarlo a mi blog.
M
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